Los bodegones, por encima de querer alcanzar lo extraordinario, poseen el gran valor de guardar memoria de lo cotidiano, de los detalles pequeños e inadvertidos. Un poco más allá, estos ‘Bodegones’ parten de una emoción singular desde la que acercarse a los objetos cotidianos, componiendo un inventario de figuras donde las líneas, el uso meditado de la luz natural y el protagonismo del color generan extraños discursos. Este juego compositivo donde las luces y las cosas dialogan desencadena pequeños relatos que podrían esbozar un ‘realismo mágico’ en la fotografía, o una mirada que tiende a transformar lo ordinario en extraordinario.